(Pienso, hablando legalmente, que hay una razón muy sólida para enjuiciar a todo presidente norteamericano desde la segunda guerra mundial. Todos han sido francos criminales o han estado involucrados en serios crímenes de guerra.) Chomsky

Sunday, May 12, 2013

Calentón en la autopista de Peshawar, por ÁNGELES ESPINOSA

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Calentón en la autopista de Peshawar

Por:  12 de mayo de 2013
El día arrancó mal desde el principio. Aunque la jornada electoral de ayer en Pakistán se vio bendecida por un cielo cubierto (algo muy de agradecer cuando se van a pasar largas horas callejeando y las temperaturas se acercan a los 40º), Shoaib, el conductor, llegó tarde a la cita. El joven quería votar antes de emprender viaje a Peshawar y desde primera hora de la mañana, ya había cola en su colegio electoral. Así que nada que objetar.
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Cola de votantes en Peshawar. /AP 
De ahí el entusiasmo de los tres reporteros al montarnos en el coche alquilado de uno de ellos. El trayecto transcurrió entre llamadas para organizar citas en Peshawar e intercambio mensajes de texto con otros compañeros para conocer los que iba pasando en otras ciudades. Hasta que a unos ochenta kilómetros de nuestro destino, el pequeño Suzuki empezó a calentarse y echar humo.
Era sólo vapor de agua del radiador como pudimos comprobar al parar. Aparentando dominio de la situación, Shoaib rellenó de líquido el depósito y seguimos hasta la primera estación de servicio. Allí un mecánico decidió que una de las gomas tenía algún poro y se ofreció a cambiarla. Una hora después proseguíamos, molestos por el retraso, pero convencidos de haber dejado atrás el problema.
Ya en Peshawar nos sorprendió la escasa presencia de fuerzas de seguridad. A pesar del anuncio de que 620.000 policías, soldados y paramilitares se habían desplegado por todo el país, los uniformados sólo eran visibles en algunos cruces y ante los colegios electorales. Sólo vi a dos con chaleco antibalas: el soldado que vigilaba la entrada del fuerte de Bala Hisar y un policía a la entrada de uno de los centros de voto.
Pero como a menudo sucede en este país, las apariencias engañan. Poco después de dejar atrás la Sufah Model School, nuestro trasto sobre ruedas tuvo un nuevo calentón. Estábamos en medio de un barrio periférico dominado por las banderas de Jamaat Islami, donde no se veía un solo policía. No habíamos terminado de bajarnos del coche, cuando se acercó lo que, con la habitual irreverencia de la profesión, apodamos de “vigilante de la playa”.
El pequeño walkie-talkie que llevaba en la mano junto al móvil, le revelaba como un agente de los omnipresentes servicios secretos paquistaníes(Inter Services Intelligence, o ISI). Por lo demás su shalwar kamiz, (la camisola y pantalones bombachos típicos de la región) no le distinguía en nada del resto de los parroquianos (no había mujeres en la calle). Amablemente nos ofreció ayuda, dio algunas instrucciones al conductor e hizo una llamada, con toda probabilidad para advertir a sus ojeadores de que no suponíamos una amenaza de coche bomba.
Fue una lección práctica de lo que significa el deep State, el Estado profundo o poder fáctico que ejercen en este país el Ejército y sus servicios secretos. Poco después sin embargo, cuando siguiendo las instrucciones del Ministerio de Información, llamamos al funcionario encargado de controlar nuestra actividad en la ciudad, el hombre se disculpó diciendo que estaba pasando el día en su pueblo… Pero el inconveniente causado por nuestro coche, aún iba a permitirnos conocer otro aspecto de los paquistaníes que con frecuencia pasa desapercibido en las crónicas periodísticas. 
Aunque tras el nuevo calentón, pensamos en buscar otro coche y dejar que Shoaib se ocupara del problema, la premura de tiempo nos obligó a seguir con las visitas a varios colegios electorales. Como la temperatura no volvió a subir más de la cuenta, o al menos eso indicaba la aguja del panel de mandos, al acabar el trabajo de campo, decidimos que podíamos regresar a Islamabad en el Suzuki.
Craso error. Al llegar a la salida de la autopista, el vehículo se paró y ya no hubo forma de arrancarlo. Nuestra preocupación alcanzó visos de desesperación cuando el mecánico de turno estimó que el arreglo llevaría un mínimo de dos o tres horas. Estábamos a apenas una hora de Islamabad, pero desde allí no podíamos enviarlas crónicas garabateadas en el ordenador durante el viaje. La salida de una autopista no es sitio para encontrar un taxi libre, así que no quedaba más remedio que hacer autostop.
No hizo falta. Varios coches que al pasar intuyeron nuestro apuro, se ofrecieron a llevarnos hasta la ciudad. Fue entonces cuando pudimos comprobar la amabilidad de una población que a menudo se percibe como antioccidental, hostil y violenta. Sin embargo, Shoaib no parecía convencido y los rechazaba con la excusa de que “no tenían buena pinta”.
La otra compañera y yo coincidimos en que, en Pakistán, si nos fiáramos de la pinta desde nuestra perspectiva occidental, no nos atreveríamos a salir a la calle. Pero antes de que desafiáramos el parecer del conductor, la policía de la autopista vino en nuestra ayuda. Los dos amables agentes se ofrecieron a trasladarnos en el coche patrulla hasta un taxi.
“No estamos autorizados a llevar pasajeros, pero ustedes son nuestros invitados en este país”, señaló el jefe, superponiendo su voz a los animados ritmos que salían de la radio del coche. Viendo sus barbas, una hubiera esperado que en vez de música popular hubieran estado oyendo una de las monótonas emisiones religiosas. Otra lección para no fiarse de las apariencias. 
Al final encontramos un taxi vacío. Espero que lo jugoso de la carrera compensara a su conductor del susto que se llevó al ver que le paraba un vehículo policial.

“Yo hice de carcelero en Irak” (el PAIS)


http://politica.elpais.com/politica/2013/05/10/actualidad/1368183664_732640.html

“Yo hice de carcelero en Irak”

El 17 de marzo EL PAÍS difundió un vídeo en el que militares españoles pateaban a dos detenidos en la base de Diwaniya. El testimonio del soldado Charlie (nombre ficticio de un joven destinado en Irak entre agosto y diciembre de 2003) no aclara quiénes cometieron la brutal agresión, pero describe el clima que la alentó: una mezcla de tensión, escasa preparación, falso espíritu de camaradería y sensación de impunidad. Aquellas imágenes causaron que, por vez primera en España, un juzgado militar abriera diligencias por un delito de maltrato a prisioneros



Ingresé en el Ejército a finales de 2001, aún bajo el impacto terrible del 11-S. Tenía 20 años recién cumplidos y creía, sin atisbo de duda, que los musulmanes eran nuestros enemigos, y Occidente, el bastión de la civilización y la cultura. Cuando me preguntaron a qué unidad quería alistarme pedí ir a una que me garantizara estar en primera línea de combate en caso de conflicto. Acabé en un regimiento encuadrado en la Fuerza de Acción Rápida (FAR). Se consideraba una unidad de élite y, consecuentemente, el nivel de exigencia psicofísico era muy alto, y la disciplina, férrea.

La vida en el cuartel

Al cabo de algunos meses estaba plenamente integrado. Lo único que ocupaba mi mente era el Ejército, y las conversaciones con mis compañeros giraban siempre en torno a la vida militar. No todos se adaptaron tan bien. Un chaval cayó en desgracia desde el primer día. Era muy indisciplinado, y siempre que incumplía una orden nos castigaban a todos a hacer flexiones. A todos menos a él. Mientras sudábamos rozando el suelo con la barbilla, él se quedaba sentado frente a nosotros. Nos decían que lo mirásemos y que le diésemos las gracias. Así lo hicimos. Fue objeto de varias agresiones y yo mismo participé en alguna de ellas. En aquel momento me pareció justo. Para nosotros era la vergüenza del escuadrón.
Yo, en cambio, era un buen soldado. Obediente, en buena forma física, resistente al estrés. Aunque cometía fallos. A veces me equivocaba conduciendo el blindado por el campo. Y cada vez que me confundía, el sargento me obligaba a parar y me daba patadas en la cabeza, que asomaba bajo el casco por la escotilla del vehículo. Todo el mundo se nos quedaba mirando. La humillación pública me dolía más que los golpes. Por eso le pedí que, en vez de patearme, me diese puñetazos en las costillas. Lo que no dudaba entonces es que merecía un castigo físico.

Para bajar del blindado había que poner un pie en el lateral. Pero ninguno lo hacíamos. Saltábamos directamente al suelo. Desde más de un metro de altura. Hasta cinco veces al día. Me dolían tanto las rodillas que apenas podía caminar. Pero no pedí la baja, no quería que mis compañeros me considerasen un flojo.Fui al hospital y me infiltraron. Eso me quitó el dolor, pero no la lesión, que se hizo crónica.

Ensayo con supuestos prisioneros

Unos cuatro meses antes de partir hacia Irak realizamos un ejercicio nocturno en un bosque próximo a la base. El escuadrón se dividió en dos grupos: de un lado, los desgraciados —es decir, aquellos que por un motivo u otro no caían en gracia a los mandos—, y de otro, los demás. Su misión era no ser capturados, y la nuestra, capturarles.
Cogimos a cuatro prisioneros. Mi sargento me ordenó que eligiera a dos para proceder a su interrogatorio. No sabíamos lo que pasaría a continuación, porque no se nos había dado información alguna, así que toda nuestra instrucción consistió en esa práctica. Descarté a dos de los capturados; uno, por ser mujer, y otro, porque era mi mejor amigo. Ambos permanecieron sentados y con los ojos vendados durante el ejercicio, que se desarrolló en tres fases.

»Primera fase. Nos ordenaron pegar a los dos elegidos. No fue una orden dirigida a nadie en concreto, ni nos dijeron de qué manera hacerlo, pero en esas situaciones te sientes impune y sale el monstruo que todos llevamos dentro. O así es, al menos, como yo me lo he justificado todos estos años. Los demás empezaron a darles patadas y puñetazos. Yo no había pegado a nadie en mi vida, así que al principio me quedé quieto. Pero mi sargento me empujó para que participara. Me acerqué y le di una patada a uno. Una vez que empecé, ya no me pude parar. Eran mis compañeros de promoción.
»Segunda fase. Tras pegarles nos ordenaron bajarles los pantalones y la ropa interior. Un compañero mío pasó el cañón de su fusil por el ano de uno de ellos, haciendo ademán de introducirlo mientras se burlaba. Un mando le reprendió: “¿Qué haces? ¿Te gustaría que te hicieran eso a ti?” Pero luego se marchó y mi sargento les obligó a colocarse de rodillas uno detrás de otro, de modo que los genitales de uno quedaran en contacto con el trasero del otro. Hizo que se movieran como si estuvieran copulando. “Haced el trenecito”, les ordenaba entre risas. Uno de ellos sollozaba.
»Tercera fase. El interrogatorio lo dirigió otro sargento. Consistía en hacerles preguntas de todo tipo. Desde cómo se llamaban sus padres hasta quiénes eran sus mandos. Iba alternando las preguntas (algunas, carentes de cualquier interés militar; otras, relevantes), pero cada cuatro repetía una que ya había formulado antes. Su objetivo era comprobar la sinceridad del prisionero y su grado de resistencia. El sargento hablaba pausadamente y solo les daba pequeños golpes cuando contestaban de manera distinta de como lo habían hecho la vez anterior. Pero yo no tenía su paciencia, estaba cansado y nervioso, y les insultaba y pegaba hasta que un compañero me dijo que eso no era efectivo y me apartó. No estoy seguro de lo que pasó luego. Sé que a los cinco minutos estaban dispuestos a contestar a cualquier cosa que se les preguntara, aunque en teoría solo debían darnos su nombre, número de identificación militar, graduación y fecha de nacimiento. Puedo pensar que el objetivo de este ejercicio era prepararnos por si caíamos prisioneros en Irak. Pero si era así, nadie nos lo dijo. Y ni yo ni la mayoría de mis compañeros hicimos nunca el papel de presos. Solo el de carceleros.

‘Rules of engagement’

Conocidas en castellano como Reglas de Enfrentamiento o, simplemente, Roes. Nos las explicó mi sargento en tres minutos cuando ya estábamos en Kuwait, haciendo la aclimatación previa al ingreso en territorio hostil. Me acuerdo de que nos dijo que nosotros, a diferencia de los americanos, solo podíamos disparar si nos disparaban primero; y que los vehículos y edificios con la media luna roja eran inviolables, aunque incluso ese principio era relativo, porque los insurgentes podían usarlos con fines bélicos. Eso fue todo.

La misión en Irak

Entré en Irak a mediados de agosto de 2003. La guerra había empezado el 20 de marzo y la situación no era excesivamente hostil. Pero en los cuatro meses y medio que pasé en la zona de operaciones, la seguridad se fue deteriorando. A la Brigada Plus Ultra le correspondía el control de las ciudades de Diwaniya y Nayaf y sus provincias. El contingente estaba formado por 1.300 militares (españoles y centroamericanos), de los que 400 pertenecíamos a unidades operativas, y 900, a unidades logísticas, sanitarias, Estado Mayor, comunicaciones, etcétera. Todo el trabajo de campo recaía sobre unos pocos. Eso suponía jornadas de 14 horas ininterrumpidas, de lunes a domingo, y no era raro que en mitad de la noche nos despertaran para alguna operación o que al regreso de una patrulla nos tocara una guardia. Nuestras misiones consistían en patrullas de presencia (exhibición de fuerza para que los iraquíes supieran quién mandaba, en palabras de un oficial); escolta de cualquier vehículo que saliera del cuartel; check-points en las carreteras; vigilancia de puntos sensibles (como un puente próximo a la base), y protección de convoyes de combustible. La mitad de mi estancia en Irak la pasé escoltando estas larguísimas columnas de camiones-cisterna con gasolina para los americanos.
Un soldado español observa a un grupo de civiles en Diwaniya (Irak). / J. TENIENTE
El clima era infernal. Hasta 50 grados en los meses de verano. Eran frecuentes los golpes de calor, y a mí se me cocían, literalmente, los pies, pero no podía abandonar mi puesto hasta que vomitara o me desmayase. La herida que me hice en la rodilla a las dos semanas de llegar solo se curó a mi regreso a España.
Dormíamos en hamacas de lona que te destrozaban la espalda y el cuello, en barracones insalubres (convivimos con dos escorpiones hasta que pudieron fumigar) y relativamente hacinados (decenas de soldados juntos), sin ninguna intimidad. El servicio de catering,contratado con una empresa, dejaba mucho que desear y era frecuente comer lo que las familias enviaban en paquetes desde España. En cualquier caso, la mayoría de los días estábamos de misión fuera de la base y nos alimentábamos con raciones de combate.

Con los iraquíes

Al principio nos acogieron muy bien. La gente nos saludaba como a libertadores. A mí me parecía lo normal, porque, a fin de cuentas, les habíamos librado de Sadam Hussein y les traíamos la democracia y la prosperidad. El problema es que eso no era cierto. No sabría explicar cómo se produjo el cambio. Solo sé que estábamos sometidos a temperaturas extremas, sufriendo incomodidades, trabajando a destajo, durmiendo lo justo y escuchando disparos a todas horas. Lo peor es que cualquier persona podía ser un insurgente dispuesto a inmolarse, y cualquier objeto, una trampa. Los efectos de esta tensión permanente eran visibles: perdí casi diez kilos y desarrollé tics nerviosos. Llegó un momento en el que empezamos a sentir un odio visceral hacia los iraquíes, comentábamos entre nosotros que mataríamos a todos los que pudiéramos si nos dieran la oportunidad. Y estoy seguro de que ellos pensaban lo mismo de nosotros.

Los puestos de control

Son puestos de control en las carreteras en los que se registra al azar a los vehículos para comprobar si llevan armas. Desde el mando americano se nos recriminó por no cumplir el cupo de detenciones, así que estas misiones se hicieron más frecuentes. Por supuesto, todos los que tenían armas se llevaban algún golpe, pero hubo un caso especial. Detuvimos a un turismo con dos hombres de unos 30 años. Les hicimos abrir el maletero y encontramos un saco repleto de dólares y billetes iraquíes (unos 200.000 dólares, según me dijeron). Mi sargento decidió que eran insurgentes. Recogimos el dinero y detuvimos a los dos hombres a punta de fusil. Les vendamos los ojos, les atamos las manos y los metimos en el blindado. El coche que conducían quedó abandonado a su suerte. El trayecto hasta la base duró cuatro horas. El sargento ordenó que se les pegara y así se hizo. Aunque no había ninguna razón para ello, no suponían ninguna amenaza para nosotros. Al llegar a la base me mandaron que los condujera al calabozo. Como no podían ver, agarré a uno por el hombro y le retorcí el brazo para que se hiciera daño si intentaba zafarse. Pasaron dos días en la base España, donde fueron interrogados por un comandante de la Guardia Civil y agentes del CNI. Luego quedaron libres. Eran unos simples empresarios.

El conductor

Durante tres meses me tocó conducir el blindado. Aprendimos de los marines americanos, que obligaban a los vehículos civiles que se encontraban en su camino a apartarse hasta que pasara el convoy. Los iraquíes rara vez se apartaban. La misión de mi sargento era ordenarles con gestos que se echaran a un lado, y, en caso negativo, yo debía ponerme en paralelo, arrimarme y simular que iba a producirse una colisión, hasta que se asustaban y paraban en el arcén. Al principio, lo hacía con mucho cuidado. Al final, invadía su carril sin importarme lo que pudiera pasar. No hubo ninguna colisión, pero un camión estuvo a punto de volcar.

El explorador

Es el soldado que se sitúa en la parte posterior del blindado, vigilando con el arma montada para evitar que un potencial agresor te sorprenda por la retaguardia. Pasé a este puesto después de que mis condiciones psicofísicas no fueran las idóneas para seguir conduciendo. Las instrucciones eran claras: nadie podía acercarse a menos de 100 metros. Pero yo no era Dios y no podía obligar a los iraquíes a hacerme caso, por lo que me llevé innumerables broncas. Al final, decidí cumplir la orden a rajatabla. Se acercó un turismo a 50 metros. Le hice señales para que se alejara. Me ignoró. Así que monté el fusil y le apunté. El coche frenó y dio un volantazo. El vehículo que venía detrás chocó contra él. El primero se fue a la cuneta y volcó. Mi sargento me preguntó qué había pasado. Le dije que me había desobedecido, y ahí acabó la conversación. Seguimos nuestro camino.

Cerco a la mezquita

Se nos alertó de la presencia de insurgentes en una localidad situada a una hora de la base. Enviaron a mi pelotón, con dos blindados. Los localizamos y los perseguimos hasta que, según nos pareció ver, se metieron en una mezquita. Se nos ordenó prepararnos para entrar y capturarlos. A las dos horas llegó la contraorden: vuelta a la base. Afortunadamente, alguien se dio cuenta de que si atacábamos la mezquita no saldríamos vivos del pueblo.

Guardia nocturna

Entre los cometidos de la unidad que hacía la guardia nocturna estaban la vigilancia y la alimentación de los prisioneros. Mi cabo primero me dijo que le acompañara para darles la cena. Él llevaba la llave con la que abrió dos celdas; había un hombre de mediana edad en cada una. Me pareció que uno de ellos tenía la piel oscura, aunque resultaba difícil apreciarlo, porque la única iluminación era una bombilla mortecina. Estaba semidesnudo, tumbado sobre una manta (en el cuarto no había absolutamente nada, ni una cama) y muerto de miedo. Balbuceaba palabras que no pude entender, pero que sonaban como súplicas. La orden de mi superior fue que entrara delante y le apuntase con el fusil a la cabeza mientras él dejaba la bandeja en el suelo. Obedecí, pero en ese momento algo se quebró en mi interior. Me pregunté qué hacía yo allí, encañonando a un pobre infeliz, cómo había llegado a esa situación. Durante una semana sentí como si nada de aquello fuese real, como si estuviera bajo los efectos de un narcótico. Una noche que me tocó guardia estuve a punto de volarme los sesos. Solo las palabras de ánimo de dos compañeros me salvaron. Al amanecer llegaron nuevos prisioneros que rogaban por un trago de agua. Un soldado hizo ademán de ofrecerles una botella y la derramó luego en el suelo entre risotadas. Otro se hizo fotos burlonas con ellos. La naturaleza humana.
Recuerdo que nuestro capitán nos felicitó porque éramos la única unidad de toda la Brigada Plus Ultra en la que ningún soldado había pedido ver al psicólogo de la base
A finales de diciembre de 2003 volví a casa. Seis meses después empecé a sufrir insomnio, ansiedad, me volví obsesivo, absolutamente insociable e indisciplinado. Al final, el Ejército me dijo que ya no era útil para seguir en filas. Durante dos años recibí tratamiento psiquiátrico seis horas al día, de lunes a viernes, en un hospital. Aunque he mejorado considerablemente desde entonces, nunca he vuelto a ser el mismo.
Un piloto de helicóptero con visor nocturno, en la base de Diwaniya en Irak en octubre de 2003 / B. PÉREZ

Un peligroso “juego de rol”

M.G.
El ejercicio “trato a prisioneros” que describe Charlie en su relato forma parte del programa de instrucción de las unidades de élite del Ejército y está regulado por el manual MI7-010 del Mando de Adiestramiento y Doctrina. Su objetivo es “conseguir que el personal militar conozca y adopte la conducta correcta en caso de caer prisionero”; lo que debe hacerse excluyendo cualquier forma de vejación o malos tratos. El problema es que, en este juego de roles, quienes teóricamente pertenecen a un Ejército respetuoso con la legalidad internacional son los soldados que simulan ser prisioneros, mientras que los supuestos captores adoptan el papel de insurgentes o terroristas. La cobertura perfecta para quienes quieran dejarse llevar por un exceso de realismo.
No es la primera vez que este ejercicio de adiestramiento da lugar a abusos. En noviembre de 2010, la Sala de lo Militar del Supremo ratificó las condenas de cuatro a diez meses de prisión impuestas a un soldado y dos cabos por un delito de “extralimitación en el ejercicio del mando”.
La sentencia sorprende por sus paralelismos con el relato de Charlie: “Los procesados, cuyos rostros ocultaban, procedían a reducir a los prisioneros, sujetándoles las manos a la espalda, y a taparles con cinta aislante y trapos para quitarles toda visibilidad. [...] Ante la negativa del soldado a responder a las preguntas, los procesados le propinaron patadas y puñetazos por todo el cuerpo, uno de los cuales le impactó en la boca y le hizo sangrar. Le bajaron los pantalones y le presionaron en el ano con el cañón de un fusil HK, lo que motivó que el soldado diese un grito de dolor audible en toda la nave, que llamó la atención del sargento, quien se presentó inmediatamente y sorprendió a dos de los procesados encima del soldado y dándole golpes, al tiempo que un tercero le golpeaba con una silla, momento en que el sargento ordenó finalizar el ejercicio”. Cuatro soldados fueron golpeados. Uno estuvo 32 días de baja.
Soldado español en Irak en 2003. / BERNARDO PÉREZ
Defensa desoyó las denuncias

M.G.
Pocos años después de volver de Irak, el soldado Charlie tuvo que dejar el Ejército. El Tribunal Médico Militar dictaminó que sufría “trastorno depresivo mayor siendo [dicha patología], de remota reversibilidad y constitutiva de una incapacidad total para el desempeño de las funciones propias del servicio”. Según los médicos castrenses, la enfermedad no la había contraido durante su etapa militar, ni guardaba “relación causa-efecto con el servicio”. Si se hubiera reconocido que sus problemas tenían su origen en Irak, habría tenido derecho a pensión.
Charlie aportó un informe del psiquiatra que le trataba seis horas diarias, quien le diagnosticó “trastorno de ansiedad no especificado, en probable relación con su permanencia como soldado en Irak”.
En su escrito de alegaciones contra el dictamen médico, al que ha tenido acceso EL PAÍS, Charlie describió algunos de los episodios incluidos en su relato; desde el “trato a prisioneros”, sin omitir los golpes y las vejaciones a sus compañeros, hasta las agresiones físicas y verbales de su jefe. “Durante mi estancia en Irak”, añadió, “hicimos prisioneros inocentes a los que golpeé por orden de mis superiores, dispararon a mi pelotón y a mí, se torturaba a los prisioneros ofreciéndoles agua, que posteriormente no se les daba, pese a las súplicas, y se hacían fotos riéndose de los mismos en esta situación. Apunté mi arma en varias ocasiones con intención de disparar a civiles iraquíes, provocando al menos un accidente de tráfico debido a las órdenes contradictorias de mis mandos”.
Pese a la gravedad de los hechos denunciados y a que Charlie aportaba los nombres de sus protagonistas, nadie hizo nada por investigarlos. La Asesoría Jurídica General de Defensa emitió un informe en el que se limitaba a señalar que “se ha cumplimentado el trámite de audiencia al interesado, sin que las alegaciones formuladas desvirtúen la fuerza de convicción de la citada acta de la Junta Médica Pericial”. Ni una palabra sobre torturas o vejaciones.





Saturday, May 11, 2013

“Afganistán”, un libro para entender la realidad de un futuro incierto

“Afganistán”, un libro para entender la realidad de un futuro incierto
Libro: Afganistán_Pilar Requena 2

El libro aborda la historia, la realidad política, militar y social de Afganistán. Pilar Requena, periodista y profesora de Relaciones Internacionales, intenta acercarnos a la realidad de un país que lleva más de diez años en las portadas de los medios de comunicación, pero al que seguimos sin conocer ni entender y que se enfrenta a un futuro incierto. 

Requena nos introduce en la historia de Afganistán, nos explica el complejo puzle étnico que compone su sociedad y las características de su cultura. Analiza la historia de la segunda mitad del Siglo XX, que convirtió a Afganistán en un “campo de batalla de la Guerra Fría”, la invasión soviética y su retirada, la guerra civil, la llegada de los talibanes… hasta llegar al 11S y sus consecuencias. 

Nos da los elementos para entender la última década; los intentos de construir un estado y reconstruir un país, los errores y aciertos cometidos por las fuerzas internacionales, incluidos los soldados españoles, la reaparición de la insurgencia, la corrupción, el aumento del cultivo del opio, junto con una visión geoestratégica del papel que juega Afganistán en relación a sus vecinos. Y también realiza una mirada al futuro, que califica de incierto, aunque en estos momentos ve con pesimismo. 

Pilar Requena huye de las experiencias personales para realizar un trabajo de investigación, muy bien documentado, que sirve para revelar las claves de este conflicto internacional y el papel de sus diferentes actores. 

Asegura que su libro tiene vocación de manual de información sobre Afganistán para explicar qué era, qué ha sido y cómo puede ser el futuro, una obra que toda persona –civil o militar—que vaya a trabajar a Afganistán pueda consultar. 

Profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense desde 2010, Pilar Requena es una periodista que lleva casi 25 años vinculada a los servicios informativos de RTVE, en el área de Internacional y como redactora del programa “En Portada”. 

Desde los años 90 ha seguido la actualidad de Afganistán: cubrió la Cumbre de Paz Bonn como corresponsal en Alemania y, ya en el programa “En Portada”, ha realizado varios reportajes sobre Afganistán y Pakistán. 

Asegura que la redacción del libro le ha dado la oportunidad de acercarse a Afganistán y a los afganos como investigadora y la experiencia ha sido mucho más enriquecedora, porque le ha permitido tener la oportunidad de convivir y conocerlos mucho mejor, sin los problemas de permisos, visados, tiempos limitados y suspicacias que despiertan los periodistas.
Pilar Requena espera que su libro sirva para entender mejor este país, ya que considera que una parte importante del fracaso de la intervención de las fuerzas internacionales es “el inmenso desconocimiento que teníamos y seguimos teniendo de Afganistán”. 

Destaca la inmensa colaboración por parte de las personas que ha contactado y las ganas que tienen de hacerse entender: “los afganos te agradecen mucho que, por lo menos, nos tomemos la molestia de intentar entenderles, de intentar saber qué está pasando y de intentar también conocer más a fondo la historia del país”. 

Afganistán - Pilar Requena - 
Editorial Síntesis

Tuesday, May 07, 2013

PECHAR GUANTANAMO, GUANTANAMO VERGONHA


 Presidente Obama: Cierre Guantánamo
Yo acusé personalmente al conductor de Osama Bin Laden, Salim Hamdan, al australiano David Hicks, y al adolescente canadiense Omar Khadr. Los tres fueron declarados culpables... y luego trasladados fuera de Guantánamo. Mientras tanto, más de 160 hombres que nunca han sido acusados ​​de ningún delito, y mucho menos condenados por un crimen de guerra, permanecen en Guantánamo sin esperanza alguna.

Hay algo fundamentalmente injusto en un sistema que asegura un billete de vuelta a casa para las personas con una condena por crímenes de guerra mientras mantiene encerradas indefinidamente aquellas que no han sido juzgadas por ningún crimen.

Desde el 29 de abril de 2013, 100 de los 166 hombres que permanecen en Guantánamo están llevando a cabo una huelga de hambre en protesta por su detención indefinida. Veintiún de ellos están siendo alimentados a la fuerza, y cinco ya están hospitalizados. Algunos de estos hombres han estado en la cárcel durante más de once años, sin cargos ni juicio. Los Estados Unidos han acordado el traslado fuera de Guantánamo de la mayoría de los detenidos. Sin embargo, permanecen prisioneros año tras año debido a problemas con su ciudadanía o al juego político interno de los EEUU.

Por eso hago un llamamiento al Secretario de Defensa Charles Hagel con el fin de que utilice su autoridad para efectuar los traslados de los detenidos en Guantánamo y al presidente Obama para que nombre a una persona dentro de la Administración que dirija el esfuerzo de cerrar este lugar.

Obama anunció el 30 de abril su compromiso para cerrar Guantánamo, pero ya ha hecho esta promesa antes. Ahora es el momento de que la cumpla, tomando las medidas necesarias para desmantelar la prisión de Bahía de Guantánamo.

Si cualquier otro país tratase a sus detenidos de la forma en que estamos tratando a los nuestros en Guantánamo lo criticaríamos de forma rotunda. Los EEUU nunca podrán pretender encarnar los más altos estándares legales y morales cuando permitimos que se haga a los demás lo que condenaríamos si fuese infligido a nuestra gente.

Probablemente no sea ninguna novedad que grupos de activistas y de defensores de los derechos humanos como Amnistía Internacional, Center for Constitutional Rights, o Witness Against Torture critiquen abiertamente Guantánamo. Pero puede que te sorprenda que un ex fiscal militar y muchos otros altos oficiales militares retirados y miembros de los servicios de inteligencia de los EEUU estén de acuerdo con ellos.

Lo humano es cerrar Guantánamo. Por favor, únete a nosotros firmando esta petición.

Thursday, May 02, 2013

Cuba exige cierre de campo de concentración USA de Guantánamo

Cuba exige cierre de campo de concentración USA de Guantánamo | CONTRAINJERENCIA


El canciller Bruno Rodríguez reclamó nuevamente a Estados Unidos el cierre de la prisión ubicada en la base de Guantánamo y la devolución de ese territorio ocupado en contra de la voluntad de Cuba.
En el campo de concentración de Guantánamo se configura un patrón de violación permanente, sistemática y grave de los derechos humanos, declaró el ministro de Relaciones Exteriores a Prensa Latina y añadió que allí no se aplican el derecho internacional, ni las convenciones de la ONU.
Recordó que en esa prisión se practica la tortura, han sido encarcelados incluso hasta menores y las personas que están allí se encuentran en un limbo legal, sin derecho al debido proceso.
En estos momentos quedan en la base 166 detenidos, de los cuales más de 100 se encuentran en huelga de hambre y 17 de ellos reciben alimentación forzada por intubación, denunció.
El canciller explicó que el tratado que a inicios del siglo XX dio origen a ese enclave es espurio y fue impuesto al pueblo cubano, por lo que el presidente estadounidense, Barack Obama, debe cerrar ese campo y devolver el territorio legítimamente cubano.
Rodríguez también denunció los daños ocasionados a su país debido al bloqueo impuesto por Estados Unidos desde hace más de 50 años.
El bloqueo es un acto de genocidio, de acuerdo con la Convención de Ginebra de 1948, que califica como tal al hecho de someter a un grupo de personas a condiciones de penuria que comprometan incluso su existencia, dijo.
El canciller mantuvo un encuentro con la prensa luego de la exitosa presentación cubana en el Examen Periódico Universal del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Rodríguez recordó que su país mantiene una fluida, estrecha y sistemática cooperación con todos los mecanismos de Naciones Unidas vinculados con el tema.
PL

GUANTANAMO INFAMIA, CERRA GUANTANAMO, YA!!!!, Amnesty International USA

Take Action Now - Amnesty International USA


Querido AMIGO, AMIGA,

La situación en Guantánamo está llegando a un punto crítico.

Desesperado por la justicia, después de más de una década de detención indefinida, por lo menos 100 detenidos han pasado una huelga de hambre masiva en protesta. De acuerdo con informes de los medios 21 de estos detenidos están siendo esposado y alimentado a la fuerza a través de tubos para que tengan vida, en contra de sus deseos.

La presión para cerrar la prisión se encuentra en un máximo histórico. En respuesta a la huelga, el presidente Obama reiteró su promesa de obturador de la instalación:
"No quiero que estas personas mueren ... Guantánamo no es necesario para mantener seguro a Estados Unidos [Esto] es contrario a lo que somos ... y tiene que parar.". - El presidente Obama, 30 de abril 2013
El tiempo para las promesas ha terminado. El momento de actuar es ahora. Envía Obama y el Congreso que usted apoya el cierre de Guantánamo ahora.

La muerte no debe ser la única manera de salir de Guantánamo.

Encarcelado en Guantánamo en 2002, Adnan Latif nunca fue acusado de un crimen, se les niega el derecho a presentar su caso en un juicio justo, puesto en confinamiento solitario y torturado. Un juez ordenó su puesta en libertad en 2012. Murió en Guantánamo el 8 de septiembre de 2012.

Nueve presos han muerto esperando justicia en Guantánamo.

Obama culpa a un Congreso poco cooperativo para frustrar sus esfuerzos para cerrar Guantánamo, pero no deja de tener opciones para hacer lo correcto, en este momento. Por ejemplo, decenas de detenidos han sido autorizada a dejar y se puede transferir bajo la actual ley EE.UU.. Gente como Shaker Aamer, que dice que el gobierno del Reino Unido debe ser libre con su familia en Londres. Resolver estos casos puede suceder ahora y sería un paso positivo.

Para el resto de los presos, la carga y bastante juzgarlos en un tribunal federal, o ponerlos en libertad.

El presidente Obama debe tomar medidas ahora y el Congreso debe apoyar, y no obstaculizar, el esfuerzo.Envíe su mensaje de hoy - El presidente Obama, hacer valer su promesa de cerrar Guantánamo.

Vamos a poner fin a esta vergüenza. Con su ayuda, podemos hacerlo.

Muchas gracias por todo lo que hacen para defender la dignidad y los derechos humanos para todos.

Atentamente,

Zeke Johnson
Director de Seguridad de la Campaña de Derechos Humanos
Amnistía Internacional EE.UU. 

Tell President Obama and Congress that you support closing the Guantanamo detention facility. On April 30th, 2013, as over 100 detainees are on hunger strike, President Obama rightly reaffirmed his commitment to close Guantanamo. He must now take action to get the job done and Congress must support the effort.

Each detainee must either be charged and fairly tried in federal court, or be released to countries that will respect their human rights. Under current law, cleared detainees can be transferred out. There is no excuse for human rights violations to continue. Read More »


Monday, April 29, 2013

Así la CIA engrasa sus titeres, en Afganistán o donde sea

Así la CIA engrasa sus titeres, en Afganistán o donde sea | CONTRAINJERENCIA
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RIA Novosti – La CIA entregó al gabinete del presidente afgano, Hamid Karzai, decenas de millones de dólares en efectivo a lo largo de más de una década, reveló hoy el diario The New York Times.
Según el rotativo que cita a funcionarios de EEUU y asesores, antiguos y en activo, del líder afgano, el llamado “dinero fantasma” llegaba al gabinete de Karzai en maletas, mochilas y bolsas de plástico. El destino de estas entregas era la lucha contra los talibán, pero en lugar de ello favorecieron la corrupción y aumentaron el poderío de los cabecillas insurgentes, arruinando la estrategia de Washington en Afganistán, reconocieron las fuentes del periódico.
“La mayor fuente de corrupción en Afganistán fue Estados Unidos”, aseveró uno de los funcionarios estadounidenses citados por The New York Times.
Por su parte, el exjefe de gabinete de la presidencia afgana, Khalil Roman, que trabajó para Karzai entre 2002 y 2005, explicó que la financiación procedente de la CIA se bautizó como “dinero fantasma” porque “venía en secreto y se iba en secreto”. Estas “pagas” se recibían prácticamente todos los meses desde el comienzo de la guerra en Afganistán.
No hay evidencias de que Karzai haya recibido alguna cantidad del dinero de la CIA, aseguraron a The New York Times funcionarios afganos. El efectivo era administrado por el Consejo de Seguridad Nacional, pretendieron, y se destinaba en su mayoría para jefes guerrilleros y políticos, muchos de los cuales estaban vinculados con el narcotráfico e incluso con el movimiento Talibán.
En 2010, el presidente afgano reconoció que su gabinete recibía efectivo en bolsas del Gobierno iraní, aunque subrayó que se trataba de una forma “transparente” de ayuda para cubrir gastos de la presidencia. En las mismas declaraciones, admitió que EEUU hacía entregas de dinero similares.
Las últimas informaciones de The New York Times apuntan a que gran parte del efectivo iraní se usó para pagar a jefes de la guerrilla y políticos, al igual que el “dinero fantasma” de la CIA

Guantanamo: alimentación forzada, dolorosa y brutal equivale a tortura |

Guantanamo: alimentación forzada, dolorosa y brutal equivale a tortura | CONTRAINJERENCIA



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El programa de alimentación forzada de Guantánamo es la respuesta dada por las autoridades a las huelgas de hambre, tanto individuales como colectivas, que los detenidos que se encuentran en los campos de concentración de Guantánamo han llevado a cabo.
En 2005, el capitán John Edmonson, que era en aquel entonces el jefe médico de la base, afirmó que la alimentación forzada por vía nasal era el último recurso, utilizado únicamente cuando el asesoramiento a los detenidos fallaba y el índice de masa corporal del detenido bajaba por debajo de niveles saludables. De acuerdo con Edmonson, los detenidos normalmente cooperaban y era innecesario atar a los prisioneros.2 Según estas declaraciones, a los detenidos se les daban únicamente 1500 calorías al día.
Según Amnistía Internacional, relatores de derechos humanos de la ONU, antiguos presos y representantes de los detenidos, se amenaza a los presos que hacen huelga de hambre con largos periodos de aislamiento; se emplean procedimientos de alimentación dolorosos en los que los tubos nasales son introducidos y retirados de forma brutal; se efectúa una alimentación excesiva como medida represiva; se dan casos de hemorragias a consecuencia del procedimiento; se realizan retenciones en camas y sillas especiales, fuertemente atados de pies, manos, torso y frente; utilizando el procedimiento como una amenaza, advirtiendo, como medida cohercitiva, de lo doloroso que resulta.
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Los abogados de unos de los detenidos que participaba en las huelgas de hambre (Abdul Salam Al-Shehri) manifestaron que su defendido tenía dificultades para hablar debido a las lesiones provocadas por el procedimiento de alimentación forzosa.
El 29 de febrero de 2006, Richard G. Murphy Jr. y otros abogados del detenido Mohammad Bawazir registraron una reclamación en la que calificaban la alimentación forzosa como tortura.9 Los abogados acusaban a los militares de llevar a cabo la alimentación forzada, de forma innecesariamente dolorosa y humillante, para acabar con una huelga de hambre en la que en alquel momento participaban 100 detenidos extrajudiciales.
Existen antecedentes por parte del ejército norteamericano de utilización de la Alimentación forzada como medio de tortura, ya sea por la brutalidad con la que se lleva a cabo, por la ingesta de exceso de alimento, mediante la ingesta de alimentos prohibidos por la religión de la víctima (en Abu Ghraib se obligó a comer cerdo a presos musulmanes)10o alimentando a presos en periodos prohibidos por su religión (ramadán).
En 2006, fueron enviadas a Guantánamo 25 sillas de alimentación forzada, además de existir camas debidamente modificadas para realizar el procedimiento,a pesar que la ONU declaró que las técnicas de alimentación forzada empleadas eran equivalentes a tortura,y que un informe de agosto de 2007 del “Journal of the American Medical Association” calificó la práctica de la alimentación forzada como una “violación de la Convención de Ginebra, de las leyes internacionales de derechos humanos y de la ética médica”,  algunos detenidos han sido sometidos a alimentación forzada durante años.
Esta política llevada a cabo para tratar con las huelgas de hambre en los campos de detención, en las que llegaron a participar 200 presos, se ha realizado, supuestamente, por prescripción médica, cuando los médicos de Estados Unidos de América están obligados a no hacerlo por el artículo 514 de la declaración de Tokio de 1975, que establece que:
En el caso de un prisionero que rechace alimentos y a quien el médico considera capaz de comprender racional y sanamente las consecuencias de dicho rechazo voluntario de alimentación, no deberá ser alimentado artificialmente. La decisión sobre la capacidad racional del prisionero debe ser confirmada al menos por otro médico ajeno al caso. El médico deberá explicar al prisionero las consecuencias de su rechazo a alimentarse
Declaración de Tokio de la Asociación Médica Mundial. 29ª Asamblea Médica Mundial, Tokio, Japón, octubre 10, 1975.
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TEXTO PUBLICADO EN WIKIPEDIA

10 acciones que ponen en duda versión oficial sobre Boston

10 acciones que ponen en duda versión oficial sobre Boston | CONTRAINJERENCIA
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La revista estadounidense de análisis Mother Jones publica las últimas acciones de los hermanos Tsarnaev, acusados de ser los responsables de detonar las bombas en el maratón de Boston el pasado 15 de abril. Sin embargo, basados en los reportes policiales, estas 10 acciones dejan ver que los jóvenes eran inexpertos en terrorismo. Y esto contradice las hipótesis de que fueron entrenados por rebeldes chechenos u otras células internacionales terroristas-islámicas:
1. A diferencia de su hermano mayor, Dhzokhar Tsarnaev no tomó ninguna precaución para no ser identificado por las cámaras de seguridad del maratón de Boston. Esto facilitó al FBI localizarlo, incluso uno de sus compañeros en la Universidad de Massachusetts lo vio en las fotos divulgadas por laagencia de seguridad pero no creyó que fuera él.
2. Dzhokhar Tsarnaev tampoco reaccionó cuando las explosiones tuvieron lugar, mostrando indiferencia, su actitud sospechosa atrajo la atención de los investigadores. Además, por un momento pareció dirigirse a donde se encontraba la primera bomba.
3. Durante los tres días siguientes al maratón, el auto de los hermanos Tsarnaev aún se encontraba en reparaciones: lo habían dejado anteriormente, por lo que no tenían un medio rápido para escapar.
4. Los hermanos permanecieron en Boston. Durante tres días realizaron sus actividades cotidianas: fueron al gimnasio e incluso el menor, Dzhokhar, asistió a una fiesta de su escuela.
5. Ambos hermanos asesinaron a un guardia del Massachusetts Institute of Technology (MIT), Sean Collier, lo que los llevó a cometer error tras error para finalmente ser capturados. Se ignora porqué cometieron este asesinato.
6. El mismo día del asesinato, robaron un auto Mercedez Benz, y un día antes de la muerte del hermano mayor, sacaron $800 de la tarjeta de su víctima, lo que deja ver que no planearon la posibilidad de ser fugitivos. Intentaron ir a otros cajeros automáticos para obtener más, lo cual era imposible, ya que ése es el límite de retiros por día. Esto los condujo a ser captados por una cámara de seguridad cercana al cajero.
7. Los hermanos confesaron a su víctima del robo de auto y tarjeta que ellos habían puesto las bombas en el maratón.
8. La persona que fue despojada de sus pertenencias escapó luego de que los hermanos pararon en una estación para comprar golosinas. Su denuncia fue vital para lograr dar con ellos.
9. Los Tsarnaev perdieron de vista a su rehén, pero aún tenían su teléfono celular, lo que permitió ubicarlos fácilmente con el GPS.
10. Entre las armas que portaban los hermanos responsables de las bombas en el maratón de Boston estaban siete explosivos caseros, una carabina M4, dos pistolas y un arma de aire comprimido.

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Uno de los organizadores del atentado terrorista de Boston, Tamerlan Tsarnaiev, participó en un seminario realizado por una ONG de Georgia que colabora con los servicios de inteligencia estadounidenses en Georgia.
Varios documentos puestos a disposición de Izvestia y que proceden del Departamento de Contraespionaje del Ministerio de Interior de Georgia, confirman que la organización georgiana “Fondo para el Cáucaso”, que opera junto con la Fundación Jamestown, de EEUU, en cuyo Comité Ejecutivo figura uno de los ideólogos de la política exterior estadounidense durante la guerra fría, Zbigniew Brzezinski, estaba dedicada al reclutamiento de residentes del Norte del Cáucaso con el fin de hacerlos trabajar en favor de los intereses de EEUU y Georgia.
Según los informes enviados por el coronel del Directorio Principal del Departamento de Contraespionaje del Ministerio del Interior de Georgia, Gregori Chanturia, al ministro del Interior, Irakli Garibashvili, el “Fondo para el Cáucaso”, en cooperación con la Fundación Jamestown, realizó seminarios durante el verano de 2012 para jóvenes del Cáucaso, incluyendo de Chechenia y otras regiones rusas.
Uno de los participantes en uno de estos seminarios fue Tamerlan Tsarnayev, que estuvo en la región de enero a julio de 2012. “El Fondo para el Cáucaso”, escribe Chanturia, fue establecido el 7 de noviembre de 2008, justo después del conflicto entre Georgia y Rusia a fin de “vigilar y controlar los procesos que tienen lugar en la región del Norte del Cáucaso”.
De este modo, el Departamento de Contraespionaje del Ministerio del Interior señala que el Fondo llevó a cabo una operación de inteligencia denominada DTV, cuyo fin principal era el reclutamiento de jóvenes e intelectuales del Norte del Cáucaso. “Con el fin de financiar a la organización, el gobierno georgiano proporcionó una suma mensual de 33 millones de lari (unos 660.000 rublos). Desde la creación de la organización hasta el 1 de enero de 2013 el gasto total fue de 81 millones de rublos (unos 2 millones de euros)”, señaló Chanturia en su informe.
El director adjunto de la ONG Agencia para las Iniciativas Socio-Políticas, Tatiev Iles, dijo que las actividades del Fondo para el Cáucaso planteaban numerosas cuestiones, entre ellas, de donde ha sacado Georgia, que sobrevive gracias a préstamos extranjeros, los fondos para financiar el Fondo. “Yo no excluyo que el dinero haya sido enviado por el Departamento de Estado de EEUU como parte de sus operaciones en el Norte del Cáucaso”, señaló.
La directora general del estadounidense Consejo de Estrategia Nacional, Valery Hamster, señaló en relación al Fondo: “No tengo ninguna duda de que Georgia busca reclutar espías entre los ciudadanos rusos”, algo que concuerda con la política pro-estadounidense y anti-rusa de esta república. Así pues, las actividades del Fondo se enmarcarían en los intentos de Georgia y EEUU de injerirse e influir en los acontecimientos de Rusia.
La Fundación Jamestown ha mostrado su interés de forma repetida por Georgia y los asuntos de Rusia en el Norte del Cáucaso. En 2007, la Fundación celebró un seminario titulado “El Futuro de Ingushetia”, otra república rusa.
En Marzo de 2010, la Fundación pidió al Comité Internacional Olímpico que no aceptara celebrar los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi alegando hechos trágicos ocurridos allí durante la guerra del Cáucaso del s. XIX.
El Ministerio de Exteriores ruso se ha quejado repetidamente de la política del Fondo y ha planteado una queja formal ante la Embajada de EEUU en Moscú.
izvestia.ru

ESCANDALOSO: Cien de los 166 presos en Guantanamo se dejan morir

ESCANDALOSO: Cien de los 166 presos en Guantanamo se dejan morir | CONTRAINJERENCIA
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Cien de los 166 presos recluidos en Guantánamo están en huelga de hambre en una protesta que comenzó hace casi tres meses para denunciar las condiciones en esa prisión, ha informado este sábado un portavoz de esa base naval estadounidense.
Además, 20 de los detenidos en huelga están siendo alimentados por la fuerza a través de vías con nutrientes líquidos y que cinco de ellos están en el hospital, según la fuente.
La nueva cifra oficial fue anunciada en un correo electrónico por el portavoz de la base situada en territorio cubano,Samuel House, y supone un aumento notable con respecto a la proporcionada el lunes, cuando el Pentágono reconoció que 84 presos se habían sumado a la protesta.
Sin embargo, varias organizaciones internacionales, como el Center for Constitutional Rights, aseguran desde hace días que la cifra de presos en huelga de hambre asciende al menos a 130, pero el Pentágono ha rechazado hasta ahora esa estimación.
Forzados a comer
Un abogado defensor de varios presos de Guantánamo, Carlos Warner, ha declarado a Efe que, según sus informaciones, la mitad de los que secundan la huelga de hambre está siendo forzado a comer.
La huelga comenzó el 6 de febrero en protesta por las “duras condiciones disciplinarias” en las que viven los presos en los barracones de la base naval estadounidense, y desde entonces se han sumado a ella cada vez más internos, la mayoría residentes en el Campo 6, el más grande de la prisión.
Hace dos semanas, las autoridades militares habían decidido separar a los presos del módulo 6 en celdas individuales, lo que acabó con un enfrentamiento entre los guardias y los presos, que “ofrecieron resistencia con armas improvisadas”, según informó el penal militar.
Los presos piden a las autoridades que les permitan entregar sus ejemplares del Corán y recibir otros porque, según ellos, los actuales fueron inspeccionados de manera inadecuada en febrero.
Según los abogados, esa concesión detendría la huelga de manera inmediata.
Los guardias de la prisión suelen hacer registros rutinarios en las celdas en busca de objetos ocultos con los que puedan dañar al personal de la prisión u a otros detenidos, pero tienen prohibido tocar los ejemplares del Corán, y normalmente son lingüistas musulmanes a los que se les permite buscar en el libro sagrado.
La senadora demócrata Dianne Feinstein, presidenta del Comité de Inteligencia de la Cámara alta, ha pedido este jueves a la Casa Blanca que se reanude el proceso de transferencia de los 86 detenidos de Guantánamo que ya han recibido el visto bueno para ser dejados en libertad.
“El hecho de que muchos detenidos hayan pasado más de una década en Guantánamo y crean que aún no hay fin a la vista para ellos es una razón para los crecientes problemas y de los cada vez más y más reclusos en huelga de hambre”, ha escrito Feinstein en una carta al consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Tom Donilon.
Hasta ahora, el Gobierno estadounidense ha citado obstáculos diplomáticos para ser repatriados o transferidos a terceros países y la oposición del Congreso estadounidense para que pisen territorio de EEUU como motivos para el estancamiento del proceso de transferencia y cierre de la prisión.