(Pienso, hablando legalmente, que hay una razón muy sólida para enjuiciar a todo presidente norteamericano desde la segunda guerra mundial. Todos han sido francos criminales o han estado involucrados en serios crímenes de guerra.) Chomsky

Wednesday, March 20, 2013

El juicio a Ríos Montt enfrenta a Guatemala con el horror de los ochenta

El juicio a Ríos Montt enfrenta a Guatemala con el horror de los ochenta | Internacional | EL PAÍS


Después de una lucha de años, contra viento y marea, los familiares de las víctimas de las brutalidades del exgeneral Efraín Ríos Montt podrán ver este martes en el banquillo, juzgado por crímenes contra la humanidad, al hombre que marcó la segunda mitad del siglo XX en Guatemala. Tiene 86 años. Sin descartar aún que los abogados logren un nuevo aplazamiento con alguna treta legal, el juicio enfrentará a Guatemala con el espanto de la guerra contra los movimientos izquierdistas en los años 80. Lo que comienza este martes, 19 de marzo, es un relato, por fin en sede judicial, de los traumas que aún sangran en el país centroamericano.


El 23 de marzo de 1982, un grupo de oficiales jóvenes del Ejército de Guatemala, cansados de la corrupción imperante en la cúpula militar que detentaba el poder y cuya brutalidad había dejado al país aislado del contexto internacional, depuso al sanguinario general Romeo Lucas García y elevó al poder a un general retirado de 55 años llamado Efraín Ríos Montt.

Sin que los “jóvenes oficiales”, en su mayoría tenientes y capitanes, lo sospecharan, su decisión de aupar a Ríos Montt abría un capítulo de la historia de Guatemala que estaría marcado por la errática personalidad del viejo general. Fue jefe del Estado durante 16 meses. Pero su protagonismo político en el pequeño país centroamericano ha durado tres décadas, hasta que el 14 de enero de 2012, entregó su acta de diputado y se retiró de la vida política.


Cuerpos de campesinos asesinados en Salacuin, al norte de Guatenala, en 1982.
El breve mandato de Ríos pasará a la historia como un periodo de represión indiscriminada contra la población civil que “servía de sustento” a la subversión izquierdista. La doctrina de la tierra arrasada, versión del “quitarle el agua al pez” que los franceses aplicaron en Argelia y los norteamericanos perfeccionaron en Vietnam, se convirtió en el primer mandamiento de los Ejércitos latinoamericanos de los años setenta y ochenta. En Guatemala, oficiales argentinos formados en las academias francesas llegaron a ser asesores muy valorados.

La lucha contra la subversión de izquierdas llevó a una represión indiscriminada
Los informes citados por organizaciones humanitarias estiman que durante el mandato de Ríos Montt, unos 10.000 guatemaltecos, en su mayoría indígenas, fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales y sus cuerpos sepultados en fosas comunes o dejados a merced de las aves de rapiña. La represión feroz obligó al campesinado a buscar refugio en campamentos mexicanos. Hubo más de 100.000 desplazados. El informe de la CEH documenta 448 aldeas literalmente borradas del mapa.

No obstante, en el juicio señalado para hoy, Ríos Montt y el que fuera su jefe del temido servicio de inteligencia (la G-2), José Mauricio Rodríguez Sánchez, solo deberán responder por 15 masacres ocurridas en el área conocida como Triangulo Ixil (Quiché, norte). Los hechos costaron la vida a 1.771 personas. De acuerdo con el informe de los forenses, “un 43% de los esqueletos exhumados corresponden a niños de entre cero y 12 años y más del 50%, a mayores de 50 años”.


De izquierda a derecha, el general Horacio Maldonado, el general Efraín Ríos Montt, y el coronel Luis Francisco Gordillo, el 23 de marzo de 1982 tras dar el golpe de Estado. / AP
Antes de entregar el poder a los civiles en 1985, el Ejército destruyó todos los documentos “comprometedores”, lo que impide determinar con exactitud el alcance de la represión y la responsabilidad de los mandos. Pero los informes sobre la Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi), del malogrado obispo Juan Gerardi, y el de la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH), patrocinada por la ONU, permiten una aproximación a lo ocurrido.

Al respecto, los defensores de Ríos Montt, que no niegan la “existencia de las víctimas”, insisten en que no hay manera de probar que la orden de exterminio emanara del entonces jefe de Estado. La Fiscalía, por su parte, argumenta que los sindicados no pueden eludir su responsabilidad, “porque como máximas autoridades de las fuerzas castrenses eran informados de los operativos desarrollados por el Ejército”.

En los hechos concretos que se juzgan, 15 matanzas de indígenas, murieron 1.771 personas. El 40% de los cadáveres recuperados eran de niños menores de 12 años
La cadena de mando estaba encabezada por Ríos Montt, en su calidad de jefe del Estado y Comandante General del Ejército; Óscar Humberto Mejía Víctores, ministro de Defensa; y Héctor Mario López Fuentes, jefe del Estado Mayor Presidencial. Estos dos últimos se han librado de ser enjuiciados por razones de salud.

El auge de Ríos Montt, el hombre que, guste o no, marca la historia de la Guatemala de la segunda mitad del Siglo XX, hay que buscarlo en la ausencia de líderes, exterminados por los militares, y en la corrupción con que estos manejaron el país desde las más altas instancias de poder.

A principios de los 80, Guatemala atravesaba una situación de guerra interna. En Nicaragua, los sandinistas habían derrocado al dictador Anastasio Somoza. Las guerrillas salvadoreñas demostraban una fortaleza que hacía viable su ascenso al poder. En Guatemala, los rebeldes ejercían dominio sobre amplios territorios, particularmente en el altiplano de población mayoritariamente indígena.

Hay poderes fácticos del país que no permitirán una dura condena como quieren las víctimas, opinan los analistas
Como contrapartida, las sucesivas dictaduras militares, disfrazadas de democracia por medio de elecciones amañadas, estaban totalmente agotadas. La corrupción y la brutalidad de la represión, que alcanzó una de sus cotas más altas con el salvaje asalto a la Embajada de España el 31 de enero de 1980, hacía que el régimen, totalmente aislado del mundo, se tambaleara. La operación para salvar a Guatemala precisaba de un líder carismático, capaz de dar un golpe de timón a la nave del Estado, totalmente a la deriva.

Para el analista Gustavo Berganza, el contexto histórico es determinante en la deriva político-represiva de Efraín Ríos, quien sufrió la presión de la administración de Ronald Reagan para salvar a Centroamérica del comunismo internacional. Y lo hizo con medios limitados. Estados Unidos le había quitado toda la ayuda militar, por la apuesta del anterior mandatario, Jimmy Carter, en favor de los derechos humanos. Esto permitió a los militares tener una gran autonomía a la hora de enfrentar a la guerrilla. “El hecho de no depender de los militares estadounidenses, como sucedió en El Salvador, hizo que la guerra en Guatemala tomara derroteros diferentes, con asesores israelíes y argentinos. Estos últimos, auténticos maestros de la represión en el continente”, enfatiza.

“Él no es el único responsable de las 50.000 muertes”, dice un experto
Para el historiador José Cal, “fue durante los Gobiernos de Romeo Lucas García (1978-1982) y de Efraín Ríos Montt (marzo de 1982 a agosto de 1983) cuando la represión alcanzó su clímax, con ataques directos a las poblaciones civiles. El avance de la guerrilla era evidente. Había creado una base social en estas comunidades, mientras que otras poblaciones se oponían a los controles que el Ejército ejercía sobre ellas. Esto permitió el exterminio masivo de poblaciones y la represión generalizada a cualquier manifestación de oposición política”.

Con respecto al resultado del juicio, el historiador cree que “fruto de la presión internacional”, lo más probable es una condena, aunque recuerda que, por el otro lado, hay poderes fácticos, como la Asociación de Veteranos Militares de Guatemala (Avemilgua) que anuncian, recurriendo incluso a la amenaza abierta, que no permitirán la prisión de oficiales “que salvaron a Guatemala de la amenaza del marxismo”.

Gustavo Berganza señala que, de alguna manera, es un despropósito el que solo se procese a Ríos Montt, a quien se le carga toda la responsabilidad de 36 años de guerra. “Él no es el único causante de las 50.000 muertes por las que se le sienta en el banquillo”.



ASI SE CONTO EN EL PAIS EN 1982

El golpe incruento de los "jóvenes oficiales" guatemaltecos no tiene todavía una definición política clara, salvo la hecha ayer por el jefe de la Junta militar, general Efraín Ríos Montt, de restaurar la democracia mediante elecciones libres "en cuanto la situación del país lo permita". Los nuevos mandos militares, que contaban con el apoyo previo de 931 oficiales, controlan de hecho todo el territorio guatemalteco, sin que a lo largo de ayer se registrase ningún movimiento de oposición.

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Una azarosa historia jalonada de golpes
Incluso la violencia revolucionaria parece haber cesado momentáneamente, hasta el punto de que en las últimas veinticuatro horas sólo se han registrado seis muertes en todo el país frente a un promedio diario que solía elevarse por encima de las quince.La capital era ayer una ciudad normal, en la que los controles intensísimos de los cuerpos de seguridad habían sido sustituidos por un patrullaje bastante discreto del Ejército. En la carretera que conduce desde el puesto fronterizo de las Pinamas hasta Guatemala (127 kilómetros) sólo se había instalado un control, con dos tanquetas a doce kilómetros de la capital.

Todos los partidos políticos que el pasado día 7 denunciaron el carácter fraudulento de las elecciones han expresado su apoyo a este movimiento militar, que trata de presentarse como un intento de recuperar la economía y la fe en las instituciones democráticas.

Para las cinco de la tarde de ayer, la Democracia Cristiana había convocado una manifestación de apoyo al nuevo Gobierno. Vecinos de la capital se han acercado a los soldados para expresarles su simpatía. Por primera vez en muchos años parece adivinarse de este país alguna posibilidad de entendimiento entre el Ejército y la población civil.

Desde el palacio nacional, el nuevo presidente, un hombre gesticulante de 57 años, ha hecho un llamamiento a la iniciativa privada para que apoye al movimiento golpista. Al quedar abolida la Constitución y disuelto el recién elegido Congreso nacional, la Junta gobernará por decreto.

El máximo poder del país lo ostenta un triunvirato militar, presidido por el general Efraín Ríos, al que acompañan en la Junta el general Horacio Maldonado y el coronel Hernando Gordillo.

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Dos civiles formaran Darte de la Junta militar guatemalteca

Viene de la primera página
La nueva Junta ha designado corno asesores a seis oficiales, entre ellos dos capitanes y un subteniente, haciendo honor de esta manera a lo que se ha llamado "el golpe de los jóvenes oficiales".
En su primera conferencia de Prensa, ofrecida a mediodía de ayer, el nuevo presidente militar anuncio que dos civiles formarán parte del Gobierno. Alfonso Alonso Lima, hasta ahora viceministro de Relaciones Exteriores, será en nuevo canciller, y Luis América, anterior director de Educación Media, se hará cargo de la cartera de Educación.
La plana mayor del Ejército estará formada por el general Héctor Mario López, nuevo jefe del Estado Mayor; el general Oscar Mejía, viceministro de Defensa, y el coronel Hernán Ponce, nuevo director de la policía nacional.El presidente Ríos Montt desempeñará también la cartera de Defensa, mientras el general maldonado se hace cargo de ministerio de Gobernación, y el coronel Gordillo estará al frente de el de Comunicaciones.
Ríos Montt ha prometido acabar con los asesinatos políticos y con la corrupción administrativa. En cada una de sus apariciones a la Prensa ha reiterado la necesidad de que el Ejército sea la única institución que tenga armas. Ha pedido a los civiles que quiten las ametralladoras de los tejados de sus casas y que las entreguen. "Quítense las pistolas de su cinto", dijo, " y pónganse un machete para trabajar, porque necesitamos trabajar con responsabilidad".
Entrar las armas
En su primera intervención pública ha pedido igualmente a la guerrilla que entregue su armamamento, porque, en otro caso, el Ejército se lo quitará por la fuerza. "Yo no aparecerán más asesinados en las orillas de las carreteras; se fusilará al que esté en contra de la ley, pero no más asesinatos. Queremos respotar los derechos del hombre, que es la única manera de aprender a vivir democráticamente".
El fraude electoral del pasado 7 de marzo parece haber sido el detonante de este golpe, que es el cuarto en los últimos 30 años. El nuevo presidente habló de una larga historia de engaños electorales al pueblo de Guatemala, del que dijo que había sido defraudado hace ocho años, y también en las dos últimas elecciones. Precisamente en 1974, Ríos Montt fue candidato a la presidencia con el apoyo de la Democracia Cristiana guatemalteca.
El truiunvirato militar en el Poder ha prometido para los próximos días un programa político detallado. El programa se impondrá manu militari sin que los partidos tengan otra opción que la de apoyarlo. El general Ríos Montt ha insistido en que el movimiento que éldirige es exclus:ivamente militar y que los partidos políticos nada tienen que hacer en este momento.
A lo largo de su primera conferencia de Prensa, el nuevo hombre fuerte de Guateama se refirió insistentemente a, que su responsabilidad la ejerce ante Dios y la oficialidad joven, que quiere quitarse de encima la meinipulación del alto mando.
La Junta ha prometiodo investigar la actuación del último Gobierno, cuyos miembros podrán ser enviados al juez en el caso de que se les encuentren responsabilidades penales. Dijo que todos los miembros del Gabinete deben estar a disposición de la Junta para el traspaso de poderes en las dependencias oficiales.
Sobre la suerte del presidente derrocado, general Romeo Lucas, dijo que había sido trasladado inicialmente al cuartel general de la fuerza aerea y que en este momento se encuentra sometido a arresto domiciario en su finca del departamento de Alta Verapaz, a unos 240 kilómetros al norte de la capital. En este mismo lugar se encontraría el ex jefe del Estado mayor, general, Benedicto Lucas. De esta forma se desmentían otras informaciones que situaban a los dos generales en México.
El presidente dijo que no le preocupaba dónde pudiera esta Aníbal Guevara, designado presidente constitucional por el disuelto Congreso. Manifestó que desde su dimisión del ministerio de Defensa, para presentarse a las elecciones presidenciales, era un civil más. Algunas informaciones periodísticas decían ayer que Aníbal Guevara se encuentra en Miami desde el pasado lunes, extremmo que habría sido confirmado por su servicio de seguridad.

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