(Pienso, hablando legalmente, que hay una razón muy sólida para enjuiciar a todo presidente norteamericano desde la segunda guerra mundial. Todos han sido francos criminales o han estado involucrados en serios crímenes de guerra.) Chomsky

Wednesday, January 22, 2020

Algoritmos contra migrantes

Algoritmos contra migrantes



Algoritmos contra migrantes

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Un migrante mira la ruta en un móvil cerca de la frontera con Croacia, 2018. Maciej Luczniewski/NurPhoto via Getty Images
Las redes sociales son una gran oportunidad para prevenir, investigar y perseguir a los grupos criminales que trafican con migrantes, pero al mismo tiempo es imprescindible garantizar los derechos de las personas migrantes.
En abril de 2019, cientos de iraníes, afganos y paquistaníes trataron de cruzar de Albania y Turquía a Grecia siguiendo un bulo que alertaba de dos pasos fronterizos abiertos hacia la Unión Europea. La llamada “caravana de la esperanza”, inspirada en el éxodo de las caravanas migrantes de Centroamérica a Estados Unidos, terminó violentamente en el pueblo griego de Diavata donde fueron dispersados por una fuerte presencia policial y gases lacrimógenos. Detrás de esta acción policial había todo un entramado de investigadores de redes sociales.
La inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) es un instrumento esencial para la investigación policial y el estudio de los grupos criminales que trafican con migrantes. Las redes sociales son un punto de encuentro para migrantes, refugiados y contrabandistas. Un gran caladero de datos sobre servicios ofrecidos por traficantes o un foro para criticar y evaluar sus servicios. Una valiosa herramienta para investigar el comportamiento, las últimas rutas, fluctuación de precios o modus operandi de los grupos criminales. En un entorno confuso y opaco, en el que concurre un vínculo contractual entre los que buscan el paso irregular de una frontera internacional y aquellos que cobran por ello, los contrabandistas se venden con engaños y astucia, dan facilidades de pago e incluso ofrecen paquetes de viaje que incluyen alojamiento, transporte o documentación. Según la Unidad de Notificación de Contenidos de Internet de Europol (EU IRU en inglés) el uso de las redes sociales ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años, al ser un sistema barato, seguro, rápido, de amplio impacto y visibilidad, que a su vez garantiza el anonimato. Algunas personas migrantes son traficadas irregularmente pensando incluso que lo hacen conforme a la ley, creyendo ponerse en manos de verdaderas ONG, abogados o agencias oficiales de países de destino. Otros pagan por desplazarse dentro de Europa en los llamados “movimientos secundarios” optando por la provisión de documentos fraudulentos en lugar del transporte.
El uso de las tecnologías e Internet en la delincuencia organizada trasnacional ha cambiado los patrones de actuación de las redes criminales, que se sirven de estas herramientas en cada etapa del proceso (identificación de víctimas potenciales y vulnerabilidades, proceso de coerción y control, publicidad y venta de sus servicios o incluso el blanqueo de sus ganancias). El contacto o reclutamiento suele comenzar en la web visible (indexada en buscadores habituales como Google o Bing) donde captan información sensible para ganar la confianza de las víctimas o potenciales clientes y controlarles (localización, rutina y hábitos, contactos, gustos, religión, etcétera).
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Migrantes recargan sus móviles cerca de la frontera entre Serbia y Croacia. Carsten Koall/Getty Images
Por parte de los migrantes, el uso de las tecnologías, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), también habrían cambiado los patrones en tres aspectos: en primer lugar, en una menor dependencia de los traficantes al fomentar una mayor autosuficiencia en su proceso migratorio; en segundo lugar, en la importancia creciente de la alfabetización y la brecha digital, y por último en una mayor confusión entre los roles de traficante y migrante, por el aumento del número de migrantes irregulares metidos a traficantes ocasionales para financiar sus propios viajes.
Las agencias europeas y en especial Europol investigan en redes sociales con un doble objetivo:  por un lado una función preventiva, al detectar y ayudar a eliminar contenido relacionado con el tráfico de migrantes; y por otro lado de investigación delictiva, ya que el contenido detectado también puede servir como prueba (e-evidence) en procesos penales. Europol realiza esta labor con fines antiterroristas y de lucha contra el extremismo on line desde hace varios años. Más recientemente extendió esta función al tráfico irregular de migrantes. Para ello, la IRU escanea las redes y el entorno cibernético en el marco de las prioridades de terrorismo y migración irregular. En la mayoría de los casos el contenido irregular es referido a las empresas proveedoras de servicios de Internet para que los eliminen de sus fuentes. En algunos casos, a iniciativa de algún Estado miembro y con autorización judicial, se procede a la eliminación de contenidos de publicidad de los traficantes, interrumpiendo sus redes criminales. En otros casos, el contenido irregular se mantiene en la Red precisamente para no alertar a terroristas o traficantes potenciales y facilitar la investigación. El Consejo de Ministros de Justicia e Interior de diciembre de 2018 aprobó un conjunto de medidas para luchar contra los redes de tráfico ilícito de migrantes en el ámbito policial, como reforzar la capacidad de la IRU de Europol, localizar y desmantelar la infraestructura técnica de las redes de tráfico o perturbar sus comunicaciones en línea.
En el caso de la agencia europea de fronteras Frontex, el monitoreo de las redes sociales tiene un fin de análisis de riesgos preventivos (rutas, modus operandi, tendencias, etcétera) con el fin de informar a los Estados miembros. Sin embargo, Frontex no tiene mandato para recabar datos personales, a pesar de la ampliación constante de competencias, medios y presupuesto. Fuertemente criticada por actores de la sociedad civil como Privacy International, Statewatch o Mediapart, la agencia se vio obligada a cancelar a finales de 2019 una licitación por valor de 400.000 euros para servicios de monitoreo de redes de migrantes “sobre tendencias y pronósticos de migración irregular”. Con un objeto tan difuso y vago, Frontex pretendía rastrear también a las diásporas en los países de destino y los actores de la sociedad civil. Ante la imposibilidad de explicar la compatibilidad de esa vigilancia con su mandato legal y el respeto de la legislación europea de protección de datos, canceló la licitación.
A finales del 2019, el Supervisor Europeo de Protección de Datos (SEPD)  suspendió un proyecto de monitoreo de redes sociales a cargo de la Agencia europea de apoyo al Asilo (EASO). Ésta rastreaba las redes desde al menos enero de 2017 para detectar nuevas rutas e investigar a traficantes de personas en el marco de un proyecto heredado del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados. ACNUR lo concibió en marzo de 2016 como una investigación preparatoria para diseñar estrategias contra la desinformación, pero al advertir la potencia operativa de esta herramienta, se convirtió en un proyecto en sí mismo. EASO detectaba, analizaba y compartía sus hallazgos con los Estados miembros, la Comisión europea, agencias de la UE, ACNUR e Interpol. El fin era obtener datos de alerta temprana, información sobre traficantes, países de origen y tránsito, rutas, perfiles de migrantes/refugiados o sobre movimientos secundarios dentro de la UE. El monitoreo se basaba en investigación cualitativa, que se compartía a través de informes periódicos que progresivamente se hicieron más analíticos e incluían comparaciones y tendencias para ir posteriormente introduciendo investigación cuantitativa a través de técnicas informáticas y algoritmos. El conflicto con la legislación europea de protección de datos era previsible al no tener EASO base legal ni mandato para recabar esos datos. La búsqueda se concentraba en redes como Facebook o YouTube, las favoritas de los grupos criminales para anunciar sus servicios. A través de algoritmos, que cruzaban palabras clave en árabe, pastún, darí, urdu, tigrinya, amárico, edo, inglés pidgin, kurdo, kurmanji, turco, ruso, hausa o francés, la EASO fue más allá de la búsqueda de información.  Según su portavoz, gracias a estas actividades pudo detectarse anticipadamente la “caravana de la esperanza”.

Los límites morales y legales del filtrado de redes
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Migrantes miran sus móviles en la isla griega de Kos. ANGELOS TZORTZINIS/AFP via Getty Images
La investigación de redes sociales implica en muchos casos el procesamiento de datos personales por lo que exige una atención particular al respeto de los derechos y libertades de los usuarios. Más aún porque en la mayoría de los casos no se trata de vigilar sospechosos, sino de rastreos y búsquedas indiscriminadas en las que se mezclan personas en movimiento, traficantes, potenciales terroristas, o simples ciudadanos. El Parlamento europeo se ha interesado por el procesamiento masivo de datos (big data) y su impacto en los derechos fundamentales. Por su parte, la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA) ha señalado que la creación y uso de perfiles por medios algorítmicos podría implicar sesgos discriminatorios en cada etapa del proceso. Para evitarlo, la investigación debería basarse en datos y fuentes fiables, llevarse a cabo a través de una algorítmica legítima, necesaria y proporcionada a un fin específico y por un personal formado en derechos fundamentales y en protección de datos. Los perfiles pueden generar correlaciones incorrectas, tanto para individuos como para grupos, pudiendo derivar en estereotipos discriminatorios. La EASO, tal y como apreció el Supervisor europeo no tenía mandato legal para realizar ese seguimiento y se extralimitó. Es más, aún en el caso de tener legitimidad para ello, la investigación y difusión debería haberse llevado a cabo para fines específicos, explícitos y limitados. La agencia también actuó con descuido en el filtrado por idiomas y palabras clave, sin tener en cuenta los eventuales errores y prejuicios de comportamiento grupal que pudieron aumentar los riesgos de discriminación en una población migrante ya de por sí vulnerable.
La elección de comunidades lingüísticas sugiere un enfoque especial sobre determinados tipos de migrantes, más que sobre los propios traficantes, muchos de ellos afincados en la UE sobre todo cuando se trata de movimientos secundarios dentro de las fronteras. Aunque los lazos étnicos y lingüísticos entre los traficantes y los migrantes son evidentes, esta coincidencia varía a medida que se escala en la cadena criminal hasta los grupos más organizados y el blanqueo de los rendimientos del tráfico. De hecho, según Europol, de los 65.000 traficantes estimados en abril de 2018, el 63% serían europeos, el 14% de Oriente Medio, el 13% africanos, el 9% de Asia Oriental y el 1% americanos.

Una utilización más humanitaria de los datos masivos
Entre la ingente información procesada de fuentes abiertas, surgen detalles y pruebas de violaciones de derechos humanos contra refugiados, migrantes y víctimas de trata. Sin embargo, esta valiosa información no constituye una prioridad o un valor en investigaciones de naturaleza policial o que buscan evitar entradas irregulares. En una entrevista al diario digital alemán Netzpolitik, un portavoz de EASO dice tener conocimiento de las atrocidades cometidas en Libia pero no competencias acerca del tema.
Los traficantes de personas y las bandas criminales en Libia publican en las redes sociales sus abusos y violencia contra los migrantes en cautiverio para exigir rescates a sus familias, pero quedan impunes por la disparidad legal en cuanto a jurisdicción o normas de admisibilidad de pruebas. En algunos países las pruebas digitales (e-evidence) sólo se admiten cuando la aportan los proveedores de servicios de Internet mientras que en otros, una simple impresión de pantalla es suficiente. Aprovechar las oportunidades que ofrecen las redes sociales para prevenir, investigar y perseguir a estos grupos criminales transnacionales es clave en la lucha contra esta lacra y contra la trata de seres humanos y otros crímenes relacionados. Para ello, no basta con interceptar las comunicaciones entre sus miembros o desmantelar sus esquemas financieros de blanqueo. Es necesario un intercambio constante de información y una cooperación judicial plena, para lo que se hace imprescindible una voluntad política decidida de proteger los derechos de las personas migrantes. Los límites entre lo legal y lo ético en la investigación criminal de redes sociales no deberían franquearse, pero de hacerlo, deberían apuntar a los verdaderos verdugos y no a sus víctimas.

Wednesday, February 27, 2019

China, Rusia y EE UU, o cómo África se repartió el mundo

China, Rusia y EE UU, o cómo África se repartió el mundo



China, Rusia y EE UU, o cómo África se repartió el mundo

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El Presidente chino, Xi Jingping (en el centro) con su homólogo africano, Cyril Ramaphosa (izquierda), y el senegalés, Macky Sall en un encuentro en Pekín. Lintao Zhang/Pool/Getty Images
Los intereses económicos y estratégicos de las tres potencias compiten en el continente, pero los países africanos saben muy bien cómo jugar a varias bandas, sacando ventaja de un escenario más multipolar.
Cuando en diciembre del año pasado el Consejero de Seguridad Nacional del Gobierno de Estados Unidos, John Bolton, anunció la nueva estrategia para África como un paso para contener la influencia de China y Rusia en el continente, decenas de artículos en revistas internacionales se hicieron eco de una nueva carrera por África cuyo objetivo no era otro que el de esquilmar los recursos naturales africanos, obtener una mayor parte del pastel de esa creciente clase media africana y acceder a cuantiosos contratos armamentísticos en un territorio que gasta alrededor del 2% del PIB en defensa.
De hecho, titulares de este tipo proliferan en todos los medios de comunicación: “Is China a Colonial Power?” titulaba el diario New York Times, cuestionando el proceso de expansión de China en África; El retorno de Rusia en África, lo hacía a su vez el New African, una de las revistas más influyentes de relaciones internacionales en el continente. Lo cierto es que la visión neocolonizadora que tanto se empeñan en mostrar los medios internacionales respecto a la relación entre el resto del mundo y África es, en sí misma, una muestra más de esa mentalidad ombligo-centrista que ha caracterizado históricamente las relaciones con el continente. Y lo es porque al narrar estas relaciones desde el punto de vista único de la superpotencia (ya sea esta China, EE UU, Rusia o incluso la UE), se niega la capacidad de actuar y tomar el control de los países africanos sobre sus propios recursos, sus políticas públicas y sus negociaciones con terceros, mostrándolos siempre como sujetos pasivos cuyo único papel es el de aceptar como les viene lo poco que estas superpotencias tienen que ofrecerles y consolidando una narrativa de sumisión que encaja en nuestras formas de entenderlas.
Además, esta forma de ver el panorama africano está condicionada por la historia reciente de la Guerra Fría en la que solo podía existir la influencia de una única superpotencia, que empujaba a los Estados a escoger un bando y unirse a un aliado internacional al que mimetizar sus políticas. Pero lo cierto es que, en el nuevo Risk mundial, caben muchas más fichas de colores en un único territorio: la paulatina pérdida de hegemonía económica estadounidense ha permitido que el empuje de China abra nuevas alternativas a los países africanos. Y a su lado, tanto Rusia como la Unión Europea en su conjunto, y Francia y Reino Unido en particular, también ofrecen vías de colaboración que muestran una oferta mucho más multipolar de lo que estamos acostumbrados a imaginar. Y muchos Estados africanos lo están aprovechando a través de procesos de negociación bilaterales que culminan en acuerdos muy diversos con múltiples países al mismo tiempo. Hablando en términos económicos: la entrada de China en África ha roto los sistemas monopólicos y, paulatinamente, las relaciones de éste con el resto del mundo se acercan cada vez más a un régimen de competencia, todavía muy imperfecta.
No podemos olvidar que África es la segunda región de mayor crecimiento en los últimos 10 años con un 4,6% de incremento del PIB anual, según datos del Banco Mundial; además, en 2050 la población africana se habrá doblado y en el continente vivirán más de 1.000 millones de jóvenes. Esto, sumado a un paulatino pero previsible aumento de la clase media que se incorporará al mercado de consumo, supondrá una nueva oportunidad para las empresas multinacionales. Por si esto fuera poco, se le suman unos enormes déficits en infraestructuras: 620 millones de africanos no disponen de luz eléctricael 40% de los habitantes de África Subsahariana no tiene acceso a agua potable y el continente sigue lastrado por un déficit sustancial de infraestructuras de transporte que despiertan un interés creciente de las empresas y potencias mundiales.

 China, no solo recursos naturales: infraestructura e industria
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Banderas de China y Yibuti en el país africano, 2018. YASUYOSHI CHIBA/AFP/Getty Images
Mucho se ha hablado del rol de China en África y del proceso neocolonizadordel gigante asiático basado en una estrategia gubernamental para adquirir los recursos africanos. Sin embargo, aunque es cierto que el gigante asiático ha puesto considerables esfuerzos en desarrollar alianzas estratégicas en África Subsahariana para garantizarse el flujo de recursos (con Angola como principal suministrador de petróleo la región y Guinea Ecuatorial de madera), las relaciones chino-africanas son diversas y no responden necesariamente a esta descripción única y tendenciosa.
Lo que está claro es que la nueva política de expansión comercial del Gobierno de Pekín tiene como objetivo dinamizar las infraestructuras necesarias para facilitar sus transacciones comerciales a lo largo y ancho del mundo y, ya de paso, suplir la ralentización de la demanda interna de infraestructuras con una política de expansión comercial en el exterior que garantice a sus empresas una transición dulce del mercado interno al externo. El planteamiento de la nueva ruta de la seda, bajo el nombre de One Belt One Roadincluye el desarrollo de decenas de proyectos que permitirán una expansión comercial sin precedentes. Entre otras, esta iniciativa incluye inversiones en los puertos de Mombasa y Yibuti, la conexión por ferrocarril, ya terminada, entre Etiopía y Yibuti y diversos enlaces por carretera entre Kinshasa y el mercado de COMESA en África del Este que se conectaría así directamente con el mercado asiático.
Además, las inversiones productivas chinas en diversos países son cada vez más comunes. Etiopía está viendo florecer la industria textil y la del calzado en base a la inversión china (que ya alcanzó los 715 millones de dólares en 2015). Únicamente en el parque industrial de Hawassa se esperan crear 46.000 empleos. Lo mismo está sucediendo en Nigeria, Argelia o Zambia, donde la inversión china se ha disparado en los últimos diez años.

Rusia: armas, energía y comercio
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El Presidente ruso, Vladímir Putin, con su homólogo sudanés, Omar al Bashir en moscú. ALEXEI DRUZHININ/AFP/Getty Images
Con una Unión Europea mirando hacia dentro debido a las enormes fuerzas centrífugas que amenazan su estabilidad interna, EE UU embarcado en una guerra comercial con China y la presión de las sanciones internacionales impuestas por la invasión de Crimea, Rusia ha puesto África en el centro de su agenda política y económica de expansión comercial. De hecho, los intercambios económicos y comerciales ruso-africanos se han triplicado entre 2005 y el 2015. Una de las principales apuestas del gobierno de Vladímir Putin es la exportación de proyectos de producción de energía nuclear. En 2018 se formalizaron acuerdos con Etiopía, Zimbabue y Egipto para la construcción de centrales nucleares con fines energéticos que han supuesto contratos enormes apoyados por créditos estatales para las principales empresas del sector eléctrico ruso. Por otro lado, la industria armamentística continúa siendo uno de los ejes de su política exterior. Actualmente, es el segundo mayor exportador de armas del mundo y el primero en África, con Sudán, República Centroafricana y Egipto como principales clientes. En esta línea, Moscú pretende construir también una base naval en Yibuti para fortalecer su control militar en una región estratégica que garantiza el acceso a Oriente Medio y al canal de Suez a través del golfo de Adén.
Pero las armas y la energía no son los únicos sectores en los que Rusia y sus empresas están abriéndose paso. Al igual que China, la combinación de mano de obra barata y mercados internos crecientes está empujando a las empresas rusas a adentrarse en la emergente industria africana. Como ejemplo, un acuerdo bilateral con Egipto sienta las bases para desarrollar uno de los parques industriales más ambiciosos del continente, con un potencial de creación de 77.000 empleos y la implantación de empresas de múltiples sectores, variando desde la industria pesada a la textil. En este sentido, también han aumentado sustancialmente las inversiones en Angola, Namibia y Etiopía con la intención de promover una expansión comercial en la región basada en la economía productiva.

Estados Unidos y Europa: seguridad
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Presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, con Donald Trump en Washington. Chip Somodevilla/Getty Images
La reacción de EE UU al empuje de China y Rusia quedó patente en un discurso de Bolton en diciembre de 2018 en el que destacó que “las prácticas predatorias de Rusia y China lastran el desarrollo de África” y en el que anunció una nueva estrategia para contrarrestar su creciente influencia. La miopía de la Administración Trump, de hecho, quedó patente en un discurso en el que la seguridad centró la intervención y en el que habló indistintamente de ayuda militar y aquella destinada al desarrollo (EE UU destacó, “gastó 8.700 millones de dólares en ayuda en 2017”agregando ambas sin distinción), quedando esta relegada a un segundo plano en el que se mezclaron acusaciones de corrupción y de falta de escrúpulos de la ayuda china. Por último, anunció el lanzamiento de una nueva estrategia denominada “Prosper Africa” que definió como “un nuevo Plan Marshall en el que se incluirían condiciones comerciales y de inversiones beneficiosas para Estados Unidos”.
Lo cierto es que en los últimos años Washington ha concentrado su acción exterior en el fortalecimiento de su estrategia de seguridad, incrementando el apoyo militar en la franja del Sahel (donde cuenta ya con más de 5.000 efectivos) y reduciendo su ayuda al desarrollo. Previsiblemente, el nuevo modelo de Trump estará más vinculado a ayuda reembolsable y a fomentar la actividad exterior de sus empresas y mucho menos en las necesidades de los africanos, que ocuparon la última línea del discurso de Bolton.
Por su parte, Europa, asumiendo su rol de actor secundario, ha lanzado el Plan de Inversión Europeo. Una línea de 4.100 millones de euros que pretende facilitar el flujo de inversiones en África Subsahariana a través de instrumentos destinados a apalancar fondos privados en proyectos que puedan ayudar a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la creación de empleo y, al mismo tiempo, contribuir a reducir la presión migratoria de la UE, que se empeña en esconderse tras el muro del Mediterráneo.

La reacción africana: de quién cojo qué y para qué
Frente al creciente interés de las potencias mundiales en el continente, muchos países de la región han comenzado a emplear el juego de la diplomacia, combinando sus necesidades nacionales con la agenda internacional para conseguir pescar en río revuelto. Existen múltiples ejemplos de Estados africanos que tienen sólidas relaciones económicas, militares y políticas con varias superpotencias al mismo tiempo. La relación chino-angolana vive una época dorada y, sin embargo, a nadie se le escapa la enorme influencia occidental en su sector petrolífero, la mejora de las relaciones con el FMI y el Banco Mundial y la creciente influencia de EE UU. En Uganda, uno de los más sólidos aliados estadounidenses en la región de los Grandes Lagos, las inversiones Chinas siguen en un ascenso imparable y en Yibuti, que acoge la mayor base militar de EE UU en África, la comparte con otra china (que la dobla en efectivos) y pronto Rusia hospedará también una en un ejemplo claro de cómo todos esos intereses pueden coexistir en un mismo territorio.
Pero si un país ha demostrado una capacidad incuestionable de navegar en las turbulentas aguas de las relaciones internacionales, es sin duda Etiopía. Por un lado, el país de los abismos ha realizado una alianza estratégica con China a dos niveles: con acuerdos bilaterales de financiación de grandes obras de infraestructuras, entre los que destacan el tren a Yibuti y varias autopistas (acumulando más de 6.000 millones de dólares de deuda china) y, por el otro, ha consolidado una relación con inversores que han visto en Etiopía la oportunidad de competir en industrias intensivas en mano de obra, pero con la última tecnología y condiciones de trabajo que, aunque con salarios bajos, son claramente mejores que las del sureste asiático.
En esta relación con China, de tú a tú e imponiendo normas de subcontratación local en las líneas de crédito, la contratación casi en la totalidad de personal nacional y unas normas laborales exigentes, no ha impedido que el país sea uno de los principales receptores de ayuda internacional para el desarrollo proveniente de países de la OCDE con más de 3500 millones de dólares por año (entre el 50% y el 60% del presupuesto público), interviniendo en infraestructuras, desarrollo rural e incluso industria, pese a las enormes críticas que el Gobierno etíope ha recibido de vulneración de los derechos humanos en los últimos años. Esta relación con las potencias occidentales y China no le ha frenado en desarrollar recientemente estrechos lazos con Rusia, que ha visto en el cuerno de África un aliado para su estrategia de seguridad y, que como se ha explicado, ha firmado con el Gobierno etíope un convenio de colaboración para desarrollar la primera central nuclear del país.
Lo que demuestra el caso etíope es que las relaciones con el continente no pueden contarse ya desde la mirada única de las superpotencias; a la mayoría de los Estados africanos les importan muy poco las rivalidades por la hegemonía y nuestro interés, casi morboso, en la posibilidad de que esto colidan en un territorio. Al contrario de nuestra visión dominadora de la historia la mayoría de los países africanos (buenos y malos) tienen tantas necesidades que su única opción es buscar aliados y crear oportunidades que confluyan con sus intereses. La narrativa de la neocolonización no es más que otra forma más de desacreditar la capacidad de los gobiernos africanos de dirigir su propio futuro. Quizás, lo que estamos viviendo no es otro proceso colonizador, sino el surgimiento de un nuevo modelo en el que África se reparte los intereses del mundo, jugando activamente al mismo juego del que han sido víctimas durante 500 años y sacando ventaja de un panorama mucho más multipolar. África está llamado a ser el campo de juego donde confluyan intereses geopolíticos (sociales, económicos y de seguridad) en las próximas décadas, de la capacidad de los países africanos de aprovechar este nuevo escenario y navegar en aguas turbulentas dependerá en gran parte el futuro del continente.

Wednesday, November 28, 2018

China sustituye las importaciones de crudo estadounidense por petróleo y gas de Rusia - Sputnik Mundo

China sustituye las importaciones de crudo estadounidense por petróleo y gas de Rusia - Sputnik Mundo



El sector energético de Rusia se ha convertido en beneficiario de una serie de acciones unilaterales por parte de EEUU. Las exportaciones de crudo ruso al mercado chino se dispararon y las de gas natural licuado (GNL) están a punto de alcanzar nuevos máximos, informa Wang Cong en su artículo para Global Times.
En medio de las sanciones estadounidenses contra Irán y la guerra comercial con China, los analistas pronostican que el gigante asiático aumentará aún más las importaciones de petróleo y GNL ruso, mientras que los productos energéticos de EEUU se quedarán al margen. 

Petróleo

En octubre, las importaciones de petróleo de China procedentes de Rusia subieron un 58% con respecto al año anterior y alcanzaron un nuevo récord de 1,73 millones de barriles por día, informó Reuters en referencia a los datos de la Administración General de Aduanas del gigante asiático. 
En el mismo mes, las importaciones de petróleo de China desde Irán cayeron un asombroso 64% en comparación con el año pasado, hasta los 247.160 barriles por día tras la imposición de las sanciones de EEUU. 
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Hay una sencilla razón tras el aumento de las importaciones de petróleo de China desde Rusia y la caída de las importaciones de petróleo iraníes: la decisión de Estados Unidos de volver a imponer un embargo a las exportaciones de petróleo iraníes. Esto empujó a las compañías petroleras chinas a buscar alternativas y optar por el petróleo ruso para evitar las sanciones de EEUU, según los analistas. 
"Mientras que las sanciones estadounidenses contra Irán fueron una acción unilateral a la que se opusieron muchos países, entre ellos China, las compañías petroleras del gigante asiático no tienen otra opción que tratar de encontrar nuevas importaciones que reemplacen a las de Irán para evitar las sanciones estadounidenses", dijo Han Xiaoping, analista jefe del sitio web de la industria energética china5e.com.
El autor recuerda que China ha expresado una fuerte oposición a las sanciones de EEUU y señaló que tales acciones unilaterales no resolverán el problema. Aunque China estaba "exenta" de las sanciones estadounidenses, las empresas nacionales todavía se ven obligadas a ampliar sus fuentes de importación de petróleo. 
Además de las sanciones a Irán, la decisión de Washington de iniciar una guerra comercial contra Pekín también provocó fuertes aranceles a las exportaciones de crudo estadounidense a China.
En medio de los cambios en el mercado global de crudo, las compañías rusas presentaron la mejor alternativa para China, según Li Li, director de investigación de la firma de investigación y consultoría ICIS, con sede en Shanghái. "El petróleo ruso tiene los mejores precios y la mejor disponibilidad", añadió Li.

GNL

Las exportaciones rusas de GNL también pueden verse beneficiadas por las políticas de EEUU, puesto que China impuso recientemente aranceles al gas estadounidense debido a la guerra comercial desatada por el país norteamericano.
La compañía China National Petroleum Corp anunció recientemente que se completó la construcción de la planta de licuefacción de gas natural licuado de Yamal LNG y que la producción comenzó con una capacidad anual estimada de 16,5 millones de toneladas, observa Global Times. 
"Esto sin duda traerá mucho más GNL ruso a China, sustituyendo a las exportaciones de GNL de EEUU", afirmó Han Xiaoping. "Se ha convertido en una especie de cliché, pero es la obstinada búsqueda de acciones proteccionistas de EEUU lo que causa problemas para sus productos energéticos en el mercado chino"